Tomar una iniciativa

Tomar una iniciativa por Pablo Medina Ruiz

Este escrito no debe tomarse como queja, menos todavía como rabieta de niño pequeño.

Los cuadros que he realizado son un fiel reflejo de una época que viví en la que era una persona con un don de inocencia de la que nunca fui consciente, hasta que diagnosticaron mi enfermedad que, principalmente, el brote en lo que me afectó fue en empezar a recordar todo lo que me había pasado en estos años. Entonces, y a base de barbaridades y conductas caóticas, empecé a pelear mentalmente contra todo y contra todos y hasta conmigo, y no se sabe cómo empezó a ocurrir a mi alrededor y empecé a darle una exagerada importancia a todo.

Esto fue a partir de un desengaño sentimental que, en realidad, fue un fracaso amoroso anterior encubierto. Como si mi vida no hubiera sido sino una serie de fracasos sentimentales.

Desde entonces, como la importancia y el egocentrismo se instaló en mi manera de ver lo que me rodeaba y así vino el “grito brutal en la calle” y allá donde fuera me empujó al desequilibrio.

Desde tiempo ya inalcanzable por recordar, me instalé en la pregunta de “No violencia” de por qué me había pasado todo esto. En especial, violencia contra mí, cuántas veces me pegaron siendo pequeño, cuantísimas maldades contra mi persona tuve que aguantar y el acoso por todas partes, entiéndase desde las imágenes de televisión mezcladas con la familia de la que procedo, además del mundo extraño en que vivo, según mi limitada forma de entender y esta forma confusa y enrevesada de entenderlo todo.

Desde ingresos fatídicos, me llegó la información de doctores en psiquiatría de que nunca me defendí y todavía más, algo que aún hoy extraña a médicos: lo irracional de mi situación es que alguien que cuánto más daño le hacen, más daño se hace a sí mismo. Esto último no está demostrado pero parece ser que puede tener que ver con consumos de tóxicos (en mi caso, exagerados) como cannabis, cocaína y de manera extrema, alcohol.

Para terminar, tendría que explicar tantísimo tiempo vivido que pasé quejándome que en la actualidad estoy asombrado hasta lo que he llegado. Por muchas formas de tener buenas y positivas conductas antes que la rabieta y el pataleo que todavía hasta hace poco (años pasados) han vuelto a ocurrirme, conocido como descompensaciones.

Sirva este escrito de agradecimiento a todos los profesionales de la medicina y, en especial, de la salud mental. A todo el equipo del CAD de Arganzuela: Mayca, Antonio, Marina, Maricarmen e Isabel y terapeutas ocupacionales.

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